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Jóvenes cristianos árabes se sacuden el miedo en la JMJ de Madrid
Unos 200 iraquíes y 640 sirios que participaron en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid aseguran sentirse estos días "menos solos" y no percibir el miedo que tienen en sus países de mayoría musulmana, donde profesan religiones minoritarias.
Fade Sarkis, que huyó de Irak tras haber sido amenazado de muerte por sus creencias religiosas, se unió esta semana a esa fiesta de la juventud católica junto a otros cientos de miles de jóvenes católicos. Tras años de inseguridad, aquí encontró algo de consuelo.
"Aquí soy muy, muy feliz. Nunca había visto tantos cristianos en un mismo lugar", relata el joven, acostado en el césped del parque del retiro madrileño, uno de los puntos en que durante los últimos días se reunieron los peregrinos de la JMJ.
"Esto me ayuda a sentirme más cristiano, aquí todo el mundo es cristiano, me siento a gusto", agregó este iraquí de 23 años. Hace dos años, abandonó Mosul, en el norte de Irak, para instalarse en París.
Con él, alrededor de 200 jóvenes iraquíes han participado en la JMJ, que finalizó este domingo, con una multitudinaria misa al aire libre, oficiada por el Papa Benedicto XVI.
Los cristianos constituyen una minoría vulnerable en numerosos países musulmanes, a excepción de Líbano. Ya sean de Irak, donde son objeto de frecuentes ataques, o de Siria, donde temen por su futuro, estas jornadas les permiten salir de su aislamiento.
"Aquí, no nos sentimos solos", dice Bassam al-Ahmad, un sirio de 21 años, estudiante procedente de Damasco, que acaba de participar en una misa en árabe en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid.
"Claro que tenemos miedo. Vemos lo que ocurre en los países de alrededor y tememos que nos pueda pasar lo mismo", añade Bassam, uno de los 640 sirios participante en la JMJ.
Los cristianos sirios temen que su libertad religiosa se vea amenazada si el régimen del presidente Bashar al-Assad, autocrático, pero laico, acaba por caer.
En Egipto, los ataques contra los cristianos van en aumento desde la revolución que sacó del poder al presidente Hosni Mubarak en febrero.
El jueves pasado, centenares de católicos venidos de Irak, Líbano, Siria y Jordania cantaron y ondearon banderas durante una misa en árabe celebrada por el obispo auxiliar de Bagdad, Shlemon Warduni.
"La situación no es buena para nadie en Irak porque no vivimos en paz. Pero, como somos una minoría, es peor para los cristianos, debido a los fanáticos que nos odian", destaca el obispo.
En julio de 2009, un atentado con coche bomba contra la iglesia en la que oficia las misas causó cuatro muertos y 21 heridos.
El obispo confiesa temer que los recientes levantamientos árabes lleven a una mayor violencia contra los cristianos por parte de fundamentalistas musulmanes.
"Para mí, esto no ayuda, al contrario, es muy malo. Los fanáticos son cada vez más fuertes, pero confiamos en Dios para que nos proteja", añadió el obispo, número dos en la jerarquía caldea de Irak.
La población cristiana de Irak, de alrededor de 400.000 personas, ha disminuido de la mitad desde la caída del régimen de Sadam Husein en 2003, subraya.
Muchos cristianos han huido del país. Steven Jaleel Mansoor, un estudiante de 22 años, abandonó Bagdad en dirección a Mosul con su familia, esperando encontrar ahí mayor seguridad.
"Irak es peligroso porque los musulmanes atacan a los cristianos, no quieren a los cristianos", dice.
Algunos, no obstante, destacan que su situación ha mejorado.
"Tenemos cadenas de televisión cristianas, radios, periódicos. Es la primera vez que vengo para una JMJ, porque bajo el régimen de Sadam Husein, no podíamos conseguir visados para viajar", dijo Matti Ismael, de 42 años, procedente de Karemless en el norte de Irak.
ds/gr/at