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Niños con respiración anormal al dormir en riesgo de dificultades de conducta

Washington, 5 mar (EFE).- Un estudio a más de 11.000 niños a lo largo de seis años encontró que los trastornos de la respiración al dormir pueden ocasionar problemas de conducta, según un artículo que publica hoy la revista Pediatrics.

De acuerdo con los investigadores del Colegio Albert Einstein de Medicina, en la Universidad Yeshiva de Nueva York, entre las dificultades de comportamiento que aparecen vinculadas a los trastornos de la respiración se cuentan la hiperactividad y la agresividad, junto con síntomas emocionales y problemas en las relaciones con otros niños.

"Este estudio proporciona las pruebas más firmes, hasta el momento, de que trastornos como los ronquidos, la respiración por la boca y la apnea pueden tener consecuencias de conducta y socioemocionales para los niños", dijo la autora principal del documento, Karen Bonuck.

La apnea se presenta cuando ocurren pausas anormales en la respiración durante el sueño.

"Los padres y madres y los pediatras, por igual, deberían prestar más atención cuando ocurren trastornos en la respiración de los niños mientras duerman, quizás desde el primer año de vida", añadió Bonuck, profesora de medicina social y familiar, y de obstetricia ginecología y salud de las mujeres.

Estos trastornos alcanzan una cima entre los dos a seis años de edad, pero también ocurren en niños más pequeños. Aproximadamente uno de cada diez niños ronca regularmente, y del 2 al 4 por ciento muestra apneas, según la Academia Estadounidense de Otorrinolaringología. Entre las causas más comunes de estos trastornos se encuentran las amígdalas o adenoides agrandadas.

El estudio dirigido por Bonuck analizó los efectos combinados del ronquido, la apnea y la respiración por la boca de los niños registrados en el Estudio Longitudinal Avon de Familias y niños, un proyecto que tiene su sede en el Reino Unido.

A los padres y madres se les pidió que respondieran a cuestionarios acerca de los síntomas de trastornos respiratorios de sus niños en varios intervalos, desde los seis a los 69 meses de edad.

Cuando esos niños y niñas tenían entre cuatro y siete años de edad, los padres y madres respondieron a otro cuestionario que se emplea ampliamente para evaluar el comportamiento. Este cuestionario tiene escalas para examinar la falta de atención e hiperactividad, los síntomas emocionales como ansiedad y depresión, y los problemas para la relación con sus padres.

También se usa en la evaluación de problemas de la conducta como la agresividad y la transgresión de la reglas, y el comportamiento socialmente positivo, como compartir juegos y posesiones, la disposición a ayudar, etc.

Los investigadores ponderaron los datos por 15 posibles variables que pueden confundir los resultados, incluidos el estatus socioeconómico, si la madre fumaba durante el primer trimestre del embarazo, y el bajo peso al nacer.

"Encontramos que los niños con trastornos de respiración al dormir eran del 40 al 100 por ciento más propensos a desarrollar problemas neurológicos del comportamiento hacia los siete años de edad, comparados con los niños que no presentaban trastornos de la respiración", indicó Bonuck.

"El incremento mayor ocurrió en la hiperactividad, pero vimos aumentos significativos en todas las mediciones de la conducta", añadió.

Los niños cuyos síntomas alcanzaron una cima a edad temprana, de los 6 a los 18 meses, fueron respectivamente de un 40 y un 50 por ciento más propensos a experimentar problemas de conducta a los 7 años de edad comparados con los niños que respiraban normalmente.

Los niños que mostraron los problemas de conducta más graves fueron aquellos cuyos síntomas de respiración trastornada al dormir persistieron a lo largo de todo el período de evaluación y se hicieron más pronunciados a los 30 meses de edad.

Los investigadores señalaron en su artículo que los trastornos de la respiración al dormir podrían causar los problemas de comportamiento porque disminuyen los niveles de oxígeno y aumentan los de dióxido de carbono en la corteza prefrontal del cerebro.

Asimismo, estos trastornos interrumpen los procesos de restauración durante el descanso, y perturban el equilibrio de varios sistemas celulares y químicos. EFE

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