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El arte urbano latinoamericano pinta contra el olvido de un barrio en Chile

Borja García de Sola Fernández

Santiago de Chile, 2 nov (EFE).- Artistas urbanos de América Latina se dan cita estos días en el Cerro Polanco para contribuir con sus pinturas a que este barrio salga del olvido y se incorpore con fuerza al circuito turístico de la ciudad chilena de Valparaíso.

Son 77 artistas procedentes de Perú, México, Colombia, Brasil, Argentina y Chile que se dan cita en el "Polanco Graffestival", el primer festival latinoamericano de grafiti mural que se celebra a partir de este viernes y hasta el próximo domingo con el fin de crear treinta murales en otras tantas fachadas de edificios de Cerro Polanco.

"Es un proyecto sociocultural en un barrio vulnerable y que ha estado estigmatizado por ser peligroso. Queríamos que el cerro fuera promovido porque es muy particular. Es un lugar irrepetible a la hora de visitar Valpo", señala a Efe Isidora Rivas, responsable del festival.

La ciudad porteña, caracterizada por su arquitectura desafiante a escasos metros del mar, cuenta con infinidad de cerros. Pero la elección de Polanco no es casual. Según Carmen Medina, también organizadora del evento, buscaban uno que no estuviera "totalmente explotado, que no fuera turístico".

"No es tan reconocido y nadie le ha dado la importancia a su patrimonio, a su ascensor histórico. Tiene un poco de delincuencia, un poco de drogadicción, está medio en el olvido", explica Medina.

La idea de "Graffestival" nació hace poco más de un año cuando postularon a un proyecto Fondart (Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura) del gobierno chileno.

"Soy trabajadora social y estaba buscando algo que uniera mi trabajo con el grafiti", apunta Isidora, que a su vez es artista urbana y firma sus obras como "Bisy".

En febrero de este año les dieron la adjudicación y durante tres meses estuvieron trabajando en la primera etapa del festival, de "inserción y vínculo".

"Les contamos el proyecto a la comunidad que vive en Cerro Polanco para que nos autorizaran los muros y para ponerles al tanto de lo que iba pasando porque ellos también son parte importante", manifiesta a Efe Carmen Medina desde el barrio de Bellavista en Santiago.

"No es solo dar a conocer el grafiti latinoamericano, sino también hacer partícipe a la comunidad porque va a ser un beneficio para ellos", añade.

En Valparaíso, a 115 kilómetros de la capital, Isidora afirma que pretenden crear "un circuito cultural que invite a toda la comunidad a redescubrir el Cerro Polanco desde un punto de vista cultural y, al mismo tiempo, conocer el patrimonio que alberga. Se vincula a los vecinos del cerro".

"Queremos tirar el cerro arriba (levantarlo) para que la gente después vaya a ver los grafitis. Va a ser una exposición al aire libre, a cielo abierto y va a quedar un legado", reitera Carmen.

Un legado de murales que en América Latina y, de forma más concreta, en Chile, tienen una larga historia. Las fachadas de las Brigadas Ramona Parra en los años setenta fueron el caldo de cultivo de lo que hoy se crea en el país austral. En muchos casos, el tinte político se ha dejado atrás, pero no así el colorido.

Para Rivas, el arte de la pintura en la calle "es muy importante en Latinoamérica". Y agrega, "Valparaíso es una de las capitales mundiales del grafiti y su arquitectura invita a pintar".

A pesar de todo, no siempre es fácil dibujar en el espacio urbano. Algunos consideran que los grafiteros emborronan las ciudades, sobre todo con los "tags" (firmas) y con las "bombas", pintadas, generalmente letras o palabras, no demasiado elaboradas.

"Comprendo a la gente, no a todo el mundo le tiene que gustar el grafiti. Para ellos, se ensucia la ciudad. En Valparaíso, hay una mezcla de todo, muralismo, grafiti producido, 'tag', 'bomba', etc.", razona Carmen Medina, también conocida como "Naska".

"Es obvio que a la gente en algún momento no le va a agradar porque se van a sentir invadida. Pero hay harto trabajo y material bueno que rescatar", asegura.

Según ambas, en Chile no han tenido muchos problemas con la policía y cuando ha pasado, cuenta Rivas, ha acabado "hablando con los carabineros de arte, fotografía, etc. Cuestión de conversarlo".

Aunque algunos todavía lo sigan vinculando a la "delincuencia" y se "criminalice", como cuenta Rivas, el arte urbano sigue persiguiendo sus fines. Puede que ya no sean políticos, sino simplemente sociales, tan sociales como la lucha contra el olvido. EFE

bgs/ns/cat

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