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Las cachazas artesanales de Brasil buscan un espacio en el mercado

José Manuel Blanco

Río de Janeiro, 24 nov (EFE).- Las mejores cachazas, el aguardiente nacional de Brasil e ingrediente principal de la famosa caipiriña, se exhiben en Río de Janeiro, donde la VIII Feria Nacional de Agricultura Familiar dedica un espacio a las producciones más tradicionales y sostenibles.

Esta bebida, producida a partir de la destilación de la caña de azúcar, se puede encontrar en producciones de todo el país, e incluso el estado de Minas Gerais, en el sudeste, la ha declarado patrimonio cultural de la región.

Según datos del Instituto Brasileño de la Cachaza (Ibrac), el sector genera más de 600.000 empleos directos e indirectos en el país, con más de 40.000 productores, la mayoría de ellos de pequeñas empresas, que tienen una capacidad de producción de 1.200 millones de litros al año.

El año pasado se exportaron 9,8 millones de litros, que generaron una facturación de 17,28 millones de dólares (unos 13,31 millones de euros), según el Ibrac.

Productores de varios estados brasileños han acudido a Río de Janeiro para defender en la feria esta tradicional bebida y los procesos artesanales con los que la elaboran.

Uno de ellos, Ivandro Remus, socio de Velho Alambique, del estado de Río Grande do Sul, explica a Efe cómo esa empresa, creada en 2001, hace la fermentación de la caña de azúcar, paso previo de la destilación, utilizando una levadura biológica que permite guardar los aromas y el sabor.

Tras su paso por el alambique, el alcohol destilado se conserva de 12 a 18 meses en toneles de madera de roble.

Según Remus, la cachaza artesanal destaca por no producir resaca, ya que el proceso seguido en la destilación permite eliminar los alcoholes más perjudiciales.

Asimismo, denuncia que en Río Grande do Sul, estado fronterizo con Argentina y Uruguay, existen 48 empresas registradas pero a la vez hay más de 3.000 operadores ilegales.

De los fabricantes no registrados también se queja un productor de Campos dos Goytacazes, en el estado de Río de Janeiro, que produce la marca Barra Velha, también envejecida en barriles de roble.

La Barra Velha, precisa, se hace con caña de azúcar recolectada manualmente y no mediante la práctica de incendiar los cañaverales para eliminar las hojas y luego recolectar más fácil el tallo, como ocurre en otras plantaciones, lo que produce una enorme contaminación ambiental.

Este productor destaca que en Brasil "no es igual una cachaza a la otra", debido a las diferencias de suelo o climatología de las diferentes regiones.

En cuanto a las exportaciones, los productores preguntados por Efe explicaron que apenas las contemplan y que se concentran en el inmenso mercado interno, aunque no descartan que en el futuro puedan venderla en otros países.

Uno de ellos, Gilmar P. de Freitas, productor en Minas Gerais, afirma que ya ha exportado a Italia y Alemania pero que debido a que el real, la moneda brasileña, se mantiene fuerte ante el euro, las exportaciones pierden competitividad.

Como parte de la caipiriña o como complemento de carnes y pescados, la cachaza y sus múltiples variedades se descubren como algo más que un simple aguardiente, sobre todo si está elaborada de manera artesanal. EFE

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