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Napolitano y Merkel hacen votos de estabilidad ante la tormenta multilateral

Gemma Casadevall

Berlín, 28 feb (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente italiano, Giorgio Napolitano, lanzaron hoy mensajes de confianza en la gobernabilidad de Italia, pese a los temores a un contagio en los mercados y los insultos desde la socialdemocracia germana a Silvio Berlusconi y Beppe Grillo.

Merkel confía "en el sentido de la responsabilidad" de la clase política italiana para encontrar el camino hacia la formación de un gobierno después de las elecciones, afirmó el portavoz del Ejecutivo de Berlín, Steffen Seibert, tras el encuentro entre ambos líderes.

"No estamos enfermos y por tanto no hay que temer un contagio", afirmó por su parte Napolitano, en una comparecencia junto a su homólogo alemán, Joachim Gauck, y tras mostrarse convencido de que "en unas semanas" se formará el nuevo gobierno.

Al presidente italiano le correspondió salir al paso en Berlín tanto a los temores, a escala global, de que la incertidumbre política romana infecte a la zona euro como al rifirrafe bilateral desatado por el líder de la oposición alemana, Peer Steinbrück.

A lo primero contribuyeron las declaraciones, el martes, del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, quien calificó de "un problema" el resultado electoral en Italia e instó a la formación de un gobierno "estable" que siga el "exitoso camino de las reformas".

Las palabras del hombre fuerte de Merkel se interpretaron como una advertencia ante el hipotético papel clave que se perfila para el Movimiento Cinco Estrellas del cómico Beppe.

A ello siguió una afrenta más clara, ahora del opositor Steinbrück, conocido entre sus compatriotas por su mordacidad y apreciado, a veces, como político sin pelos en la lengua.

Su falta de diplomacia se plasmó el martes, en un acto público en que se declaró "hasta cierto grado indignado por la victoria de dos payasos" y lamentó que los ganadores fueran "dos populistas".

Sobre Grillo precisó que era un "payaso de profesión" y por tanto llamarle así no era un insulto, mientras que Berlusconi simplemente se comportaba como un payaso.

Las declaraciones del principal rival de Merkel en las generales del 22 de septiembre causaron indignación en Italia, más allá de las diferencias políticas, a lo que siguió la cancelación del encuentro que ayer tenía previsto Napolitano con Steinbrück.

"Está claro que no es correcto", dijo el presidente italiano hoy, en su comparecencia con Gauck, para añadir que "cada uno puede pensar lo que quiera", pero debe guardarse también de "ser equilibrado" al evaluar los resultados electorales de otro país.

Gauck, por su parte, rechazó hacer valoraciones sobre Steinbrück y dijo simplemente que "hay cosas que se comentan por sí solas".

El encuentro en la sede presidencial alemana, en el Palacio de Bellevue, era el primer punto de la agenda política de Napolitano en Berlín, después de que la primera parte de su viaje oficial por Alemania discurriese en Múnich.

Steinbrück trató de suavizar las cosas con una llamada telefónica a Napolitano, pero el presidente italiano dio por cancelada la cita en aras de la neutralidad debida a su cargo, según explicó el portavoz del líder socialdemócrata.

Las palabras del rival de Merkel desataron las críticas de las filas gubernamentales, que las consideran indignas para alguien que aspira a la Cancillería de la primera potencia europea.

Desde el Partido Socialdemócrata (SPD), el secretario ejecutivo de su grupo parlamentario, Thomas Oppermann, justificó a Steinbrück y dijo que "puso los puntos sobre las íes", aunque matizó que, desde el puesto de canciller, "lógicamente no lo habría formulado así".

El presidente del Parlamento Europeo, el socialdemócrata Martin Schulz, recriminó la formulación de Steinbrück, pese a recordar que él no es "precisamente un amigo de Berlusconi".

En 2003, Berlusconi calificó a Schulz de nazi -"un director italiano va a rodar una película sobre campos de concentración y le propondría que usted hiciera el papel de 'capo'", le dijo-, lo que desató una sonada tormenta bilateral entre Roma y Berlín. EFE

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