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Red de escuelas para adultos, un programa de esperanza en Paraguay

Julia R. Arévalo

Asunción, 27 mar (EFE).- Acabar los estudios, abandonados casi siempre a causa de la pobreza, es hoy una posibilidad real para jóvenes y adultos de Paraguay, gracias a un programa de cooperación española que, en una década, ha ayudado a más de medio millón de paraguayos a darse una nueva oportunidad en la vida.

La marginal "escuelita pyharé" (nocturna, en guaraní) a la que acudían adultos con ganas de aprender ha dado paso a una completa red de centros de formación, amparada por el compromiso asumido por Paraguay con su nueva Política de Educación de Adultos 2011-2024.

"Por primera vez, la educación de adultos no es cosa de un Gobierno, sino política de Estado", destacó a Efe el último director del Programa de Educación de Personas Adultas (Prodepa), Antonio Gómez Iruela.

Con 12 millones de euros aportados por la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo (AECID), el programa se completa este mes y queda en manos del Gobierno paraguayo, que aún afronta el reto de acabar con tasas de analfabetismo del 4,7 por ciento entre su población mayor de 15 años, según datos oficiales de 2011.

En distintas fases, el Prodepa ha ofrecido cursos de educación básica bilingüe, de educación media a distancia y de formación profesional (FP), que han superado en total unas 369.000 personas que hoy poseen un título de graduado escolar, bachillerato o de FP.

Muchos otros no pudieron acabar sus cursos, pero al menos lograron un grado de alfabetización básica o conocimientos de oficios como peluquería, corte y confección, electricidad, arte culinario e informática.

El programa ha incluido la adecuación de los materiales didácticos y la capacitación de unos 5.000 profesores, la "gran asignatura pendiente de Paraguay, que impide que el país alcance las cotas de educación y de igualdad necesarias para su desarrollo", observó Iruela.

"Las escuelitas pyharé funcionaban precariamente en las escuelas básicas, por la noche, a menudo en el corredor y sin apenas medios, por lo que significaba un descrédito social acudir a ellas" y para los profesores era "un castigo", y esto "es lo que ha cambiado el Prodepa", añadió.

Ahora, Paraguay cuenta con 18 escuelas de Educación Permanente construidas con los fondos de la AECID, en Asunción y cada uno de los 17 departamentos del país, unos centros de referencia a los que acuden a tomar clase 3.000 personas cada año, algunos con guarderías para los hijos de las mamás alumnas.

Y, como destacó a Efe la coordinadora general de AECID en Paraguay, Cristina Aldama, el programa ha servido para fortalecer el bilingüismo que enorgullece a los paraguayos, quienes hablan mayoritariamente el español y el guaraní de sus ancestros.

"No tenía sentido trabajar, sobre todo con adultos, en una lengua que no conocen", dijo Aldama, que destacó este elemento como novedoso entre los programas de este tipo en otros países de Latinoamérica.

La respuesta a la nueva oferta educativa desde que, en 2002, se comenzó a implantar el Prodepa fue mayoritaria en zonas urbanas y, en particular, en Asunción y las localidades vecinas del departamento Central, que concentran al 41 por ciento de los 6,4 millones de habitantes del país.

También fue mayor la participación de mujeres, pero el desafío de las autoridades es aumentarla -sigue habiendo un 5,6 por ciento de adultas analfabetas- y, sobre todo, de expandir el programa en las áreas rurales, donde el analfabetismo alcanza al 7,2 por ciento de los mayores de 15 años.

Esas cifras se disparan entre la población indígena de Paraguay, un 1,8 por ciento de los habitantes, con un 40 por ciento de analfabetos.

Para Aldama, es digno de mención "el esfuerzo que hace la gente para ir a estudiar por la noche", desplazándose después de trabajar a las escuelas de referencia desde todas las localidades de alrededor.

Para los beneficiarios de esta red educativa, que alcanza también a la población reclusa en sus 20 penitenciarías (con más de 5.000 matriculados en 2010-2012), lo aprendido no sólo ayuda a ampliar opciones profesionales y vitales, sino también, y sobre todo, la autoestima.

Así lo narra uno de los graduados, Gilberto García: "ahora creo que soy una persona como cualquier otro, puedo mirar de frente (...) siento que el mundo se me acerca. Ahora sigo teniendo respeto pero no miedo, el doctor fulano, el comisario fulano... Ahora puedo decir yo también soy fulano". EFE

ja/mr

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