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La pesadilla del narcotráfico despierta con furia de nuevo en Guatemala

Carlos Arrazola

Guatemala, 16 jun (EFE).- Los narcotraficantes que operan en Guatemala, que algunos consideraban "tranquilos" en los últimos meses, han despertado con furia de nuevo en este país centroamericano, al que, según analistas, consideran "su patio trasero", y han desafiado al Estado al asesinar a ocho policías.

Con absoluta impunidad, unos quince hombres armados con fusiles de asalto y pistolas automáticas ingresaron la noche del pasado jueves a la comisaria de la Policía Nacional Civil (PNC) de Salcaja, un pacífico pueblo del departamento de Quetzaltenango, ubicado 200 kilómetros al oeste de la capital.

Ocho agentes que recién concluían su horario de trabajo y que, desarmados, se aprestaban a cenar y descansar tras la jornada, fueron sorprendidos por los sicarios: siete murieron en el lugar debido a la gravedad de las heridas, y uno más falleció en la sala de urgencia de un hospital.

El subinspector Carlos Augusto García, fue sacado a golpes e introducido en uno de los tres vehículos todoterreno de modelo reciente en que se conducían los atacantes: hasta el momento sigue secuestrado.

El presidente Otto Pérez Molina aseguró el viernes que la matanza la cometió uno de los tres grupos de narcotraficantes que operan en el suroeste del país, pero dijo desconocer cuál, así como el móvil de la matanza.

Un investigador de la agencia antidrogas de la PNC, en cambio, cree que "hay razones" para pensar que los sicarios pertenecen a un grupo de narcotraficantes que opera en Santa Ana Huista, en el departamento de Huehuetenango, el cual "a veces" opera junto a alguno de los carteles mexicanos "que no es el de Los Zetas.

"El 'modus operandi', las armas utilizadas y las rutas de escape hacen creer que fueron ellos", y que la matanza tendría un doble objetivo: "vengar algún golpe recibido (...) como la extradición de alguno de sus líderes", y "mostrar su fuerza (a las autoridades)", explicó el investigador que pidió el anonimato por razones de seguridad.

En noviembre de 2008, un enfrentamiento a tiros entre el grupo al que la fuente le atribuye la matanza del jueves y una célula de Los Zetas, en las afueras de Santa Ana Huista, se saldó con 17 muertos de ambos bandos, y alejó a los narcotraficantes mexicanos de esa plaza.

Las autoridades vincularon, entonces, al grupo local con el cartel de Sinaloa, y señalaron que Los Zetas, que recién se empezaban a asentar en el país, pretendían desbancarlos de las rutas que desde hacía más de una década controlaban para traficar drogas hacia México.

Esa matanza fue una de las más de seis que narcotraficantes realizaron en diferentes lugares de Guatemala entre 2008 y 2011, período en el cual gobernó al país el socialdemócrata Álvaro Colom, que capturó a una decena de los más importantes jefes de los grupos locales que operaban en el país y que en los últimos años se habían asociado a los carteles mexicanos.

Aunque desde el inicio de la administración de Pérez Molina, que comenzó en enero de 2012, hasta ahora, se habían registrado varios crímenes con la huella del narcotráfico, la matanza de los ocho policías el jueves, es según las autoridades, las más desafiante acción que se registra en ese período.

Voces extraoficiales especulan diversas razones por las cuales los narcotraficantes se habrían mantenido "tranquilos" durante los últimos meses, pero ninguna proporciona evidencias concretas sobre las hipótesis que ponen sobre la mesa.

Lo cierto es que, efectivamente, en los últimos meses se habían reducido las acciones violentas de gran envergadura con la marca de los carteles, de la misma forma que se han reducido considerablemente los decomisos de drogas.

Hasta hace un par de semanas, cuando las fuerzas de seguridad le arrebataron a algún cartel una tonelada de cocaína que habían ingresado al país a través del Puerto Quetzal, en el Pacífico, y la matanza del jueves que se cobró la vida de ocho agentes, es que se ha dejado sentir, de nuevo, la furia de los narcotraficantes. EFE

ca/rsm/cav

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