Martin Luther King, un orador con mayúsculas sin heredero claro

Fernando Mexía

Los Ángeles (EEUU), 20 ago (EFE).- Medio siglo después de evocar su "I have a dream" (Tengo un sueño), Martin Luther King es no solo un icono de la lucha por los derechos civiles, sino también el orador con mayúsculas en EEUU donde el arte de hablar en público, en otro tiempo cultivado, ha pasado de moda.

En los apenas 17 minutos que duró su discurso en las escalinatas del monumento a Abraham Lincoln en Washington aquel 28 de agosto de 1963, la cadencia de predicador de King, la convicción de sus palabras y el peso de sus silencios convirtieron en inspirador un mensaje ya conocido a favor de la igualdad social.

"Él era único", aseguró a Efe la autora del libro sobre técnicas de comunicación "Get Them to See It Your Way, Right Away", Ruth Sherman, consultora de políticos, empresarios y estudios de cine que buscan mejorar sus habilidades verbales.

"Es el maestro de la repetición breve. Una herramienta retórica que consiste en fijar una idea con unas pocas palabras bien escogidas y repetidas", explicó la profesora de Derecho Molly Bishop Shadel, de la Universidad de Virginia.

Shadel, experta en oratoria y coautora del manual "Tongue-Tied America: Reviving the Art of Verbal Persuasion", cita como ejemplo frases como "I have a dream" (Tengo un sueño), "Now is the time" (Ahora es el momento) y "Let freedom ring" (Que resuene la libertad) que aparecen varias veces durante la exposición de King, parcialmente improvisada.

"El truco para que sea efectivo es crear un (lema) que te sientas cómodo diciendo. Se puede escuchar a King deleitándose con sus repeticiones mientras van saliendo por su boca", comentó Shadel.

Martin Luther King y su contemporáneo John Fitzgerald Kennedy, asesinado en noviembre de 1963, son citados como referentes históricos en el arte de hablar en público. Ambos fueron asesinados y desde entonces pocos líderes han demostrado maestría a la hora de comunicar a las masas.

Curiosamente, Barack Obama, el primer presidente afroamericano de EEUU cuyo nombramiento culminó parte de lo soñado por King, es según los expertos quien más se ha aproximado al nivel del pastor baptista.

"Su 'Yes we can" durante las primarias presidenciales en 2008 en New Hampshire es un ejemplo fantástico. El momento parecía desalentador para la campaña de Obama y su discurso revitalizó a sus seguidores y le llevó a una elección histórica", apuntó Shadel.

Para esta profesora, el mandatario demócrata echó mano de los recursos de repetición de King y al igual que él fue de menos a más.

"Ambos son inspiradores, diseñados para ser repetidos, pero 'I have a dream' es una frase más elegante. 'Yes we can' es una respuesta a una pregunta", señaló Sherman, que cree que aunque King es mejor que Obama, el inquilino de la Casa Blanca tiene talento.

"Definitivamente lo pondría entre los cinco primeros en mi lista de mejores oradores junto con King, Kennedy, Lincoln y Steve Jobs", manifestó.

"Jobs fue el mejor presentador con cargo de consejero delegado de todos los tiempos", afirmó Sherman para quien el cofundador de Apple, con su particular estilo logró "una tribu de fan fieles, en lugar de crear clientes".

Casos como el de Obama y Jobs son anecdóticos en los últimos 50 años en los que "el arte de hablar en público ha dejado de estar en boga. A mucha gente le aterroriza y los cursos formativos son caros", declaró Shadel, para quien el auge de la comunicación electrónica ha perjudicado a la persuasión cara a cara.

"Hace falta práctica y los políticos no practican lo suficiente, porque lleva tiempo", añadió Sherman, que considera que desde que Obama es presidente su oratoria ha empeorado.

Durante gran parte del siglo XX, en las escuelas en EEUU se enseñaba locución en los colegios, ya que se requería para el mundo laboral y los jóvenes solían dejar los estudios cuando superaban el bachillerato.

"Ahora son asignaturas en carreras especializadas", relató Sherman que recordó cómo la "habilidad de convencer" está en las raíces de EEUU forjado con "líderes capaces de movilizar al pueblo para cruzar fronteras e instalarse en territorio hostil".

Esto está muy presente en las películas de Hollywood, donde tan habitual como las secuencias con la bandera de las barras de estrellas son los exaltados monólogos patrióticos para arengar a un grupo de personas con el fin de que se enfrenten a un desafío imposible. EFE