Con problema fiscal resuelto, EEUU se concentra en la reforma migratoria

Alejado de momento el riesgo de un catastrófico default gracias a un acuerdo político, las atentas miradas del gobierno de Estados Unidos se centran ahora en otro enorme desafío, la aprobación de la reforma migratoria.

El entendimiento entre los líderes del oficialista Partido Demócrata y el opositor Partido Republicano permitió la reapertura del gobierno federal luego de 16 días de parálisis, y con ello se preparó el terreno para que el Congreso se dedique a la crítica reforma de la legislación migratoria, un sistema que el presidente Barack Obama definió como "quebrado".

"Deberíamos terminar el trabajo de arreglar nuestro quebrado sistema migratorio", dijo Obama el jueves, enumerando su lista de prioridades para el resto del año, entre las que también figuran las negociaciones para aprobar el presupuesto el año fiscal 2014 y una ley agrícola.

"Son tres cosas específicas que harían una gran diferencia en nuestra economía ahora mismo, y podríamos terminarlas para el fin de este año", señaló en un discurso en la Casa Blanca.

El Senado, dominado por los demócratas, adoptó en junio un proyecto de reforma migratoria en un texto que prevé fortalecer la frontera con México y acordar, bajo condiciones estrictas y tras no menos de 13 años de tramitación, la nacionalidad estadounidense a personas que vivan ilegalmente en el país.

Sin embargo, la reforma quedó estancada en la Cámara de Representantes, dominada por republicanos hostiles a cualquier medida que represente una "amnistía" a los indocumentados.

Pero el escenario se modificó, ya que la dominante bancada del Partido Republicano en la Cámara de Representantes salió profundamente dividida del episodio del cierre del gobierno federal, ante el fortalecimiento del grupo ultraconservador ligado a la facción denominada Tea Party.

Analistas coinciden en apuntar que el cierre del gobierno federal no tuvo vencedores, pero que la bancada republicana en la Cámara de Representantes fue el principal perdedor, por el enorme desgaste de su imagen ante los estadounidense.

Por ello, sabiendo que los republicanos tendrán que dedicarse ahora a juntar los escombros de su reputación y recomponerse ante la opinión pública, Obama y los sectores que defienden la reforma migratoria presionan para que la cuestión llegue al plenario para ser votada.

Para María Cardona, de la consultora Dewey Square Group, el Congreso tiene ahora "una oportunidad de oro" para que la Cámara de Representantes "dé el voto a la reforma migratoria".

Por su parte, Simon Rosenberg, del New Policy Institute, señaló que "estamos mucho más cerca que nunca antes de ver esta reforma aprobada. Si los partidos políticos se sientan a negociar, es posible que la reforma sea aprobada este año".

El influyente diario The Washington Post publicó el viernes un editorial donde afirmó que las diputados republicanos inclinados a apoyar la reforma migratoria deberán tener el valor de hacerlo a pesar de los riesgos de ser aplastados literalmente por el Tea Party.

El diario mencionó el ejemplo del senador republicano Marco Rubio, quien en la cámara alta se manifestó siempre en favor de la reforma migratoria, y por ello fue demolido sin piedad por los propios diputados de su partido ligados al Tea Party.

"Pocos líderes republicanos en la Cámara han mostrado nada que se aproxime al coraje del señor Rubio en relación a la reforma migratoria", por temor a la presión.

La expectativa en Washington es que el partido se recomponga a tiempo, controlando a los ultraconservadores que impulsaron el cierre del gobierno federal este mes, y termine por liquidar el capítulo de la reforma migratoria.

Obama, quien ganó las elecciones de 2012 con un abrumador apoyo de los latinos, ha llamado en repetidas oportunidades a los legisladores a aprobar una ley que abriría una vía a la legalización de los 11 millones de indocumentados en el país.

Los grupos a favor de los inmigrantes retomaron este mes las movilizaciones para intentar romper el bloqueo de la reforma en el Congreso.

Tras manifestaciones en 160 ciudades el 5 de octubre, miles de personas se congregaron en Washington el 8 para una marcha que terminó con decenas de detenidos frente al Congreso, incluyendo ochos legisladores.

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